Por Cristóbal Badilla – Docente de historia, Militante MIT

El gobierno de José Antonio Kast ya mostró con claridad el contenido de su proyecto al servicio de la clase dominante. Bajo el nombre de “Reconstrucción Nacional”, intenta aplicar una ofensiva general contra las condiciones de vida de la clase trabajadora, mientras garantiza nuevas condiciones de rentabilidad para los grandes empresarios. Recortes en salud, educación y programas sociales; cobro persecutorio del CAE; criminalización de la protesta; ataques contra migrantes; reforzamiento del aparato represivo; rebajas de impuestos al gran capital y beneficios para las grandes inversiones forman parte de una misma orientación política: aumentar la explotación, descargar la crisis sobre las mayorías trabajadoras y recomponer las ganancias empresariales.

Pero Kast avanza porque la respuesta sigue fragmentada, sin coordinación nacional ni un plan real de lucha. La pregunta decisiva es qué política necesitamos para enfrentarlo.

No basta con denunciar: hay que organizar una respuesta nacional

Kast no será frenado por declaraciones parlamentarias ni por discursos de la oposición institucional. Su gobierno expresa una salida reaccionaria del régimen frente a la crisis abierta desde 2019 y una continuidad profundizada del gobierno entreguista y neoliberal de Gabriel Boric. El progresismo, lejos de preparar una salida favorable a los trabajadores, administró el mismo régimen, contuvo la movilización, prometió cambios que no realizó y garantizó la estabilidad política y económica para la burguesía. Sobre esa base, Kast avanza hoy profundizando la ofensiva contra la clase trabajadora y reforzando el aparato represivo.

La ex Concertación, la derecha, el Frente Amplio y el Partido Comunista administraron durante años los pilares del mismo régimen que hoy Kast profundiza: AFP, Isapres, endeudamiento educativo, privatización de recursos estratégicos y una política de seguridad cada vez más represiva. Hoy, aunque voten contra algunas medidas en el Congreso, su política sigue siendo trasladar los conflictos de las calles a la negociación institucional, contener la movilización y esperar un futuro recambio electoral.

Pero los tiempos del Congreso no son los tiempos del pueblo trabajador. Mientras se discuten proyectos y se negocian indicaciones, los recortes ya golpean hospitales, escuelas, universidades, programas sociales y familias endeudadas. Frente a esto, no basta con votar en contra ni con administrar el descontento hasta la próxima elección. Hay que construir una respuesta nacional, organizada y desde la clase trabajadora.

La reforma laboral encubierta exige una respuesta nacional

El nuevo informe de la llamada Mesa de Reactivación Laboral confirma que el gobierno busca avanzar en una verdadera reforma laboral encubierta. Bajo el lenguaje técnico de la “adaptabilidad”, no propone derogar abiertamente la ley vigente de 40 horas, sino profundizar la flexibilidad patronal que esa misma reforma ya incorporó mediante pactos de distribución y compensación de horas. Ahora Kast busca llevar esa lógica más lejos: permitir que las empresas concentren más horas en los períodos de mayor actividad, incluso llegando a semanas de hasta 52 horas mediante jornada ordinaria y horas extraordinarias. No se trata de crear empleo digno, sino de convertir la reducción de jornada en una herramienta para abaratar la fuerza de trabajo y reforzar el poder patronal.

Esta ofensiva debe ser una señal de alarma para todo el movimiento obrero. Kast no parte de cero: profundiza un régimen laboral heredado de la dictadura y sostenido por todos los gobiernos patronales posteriores —ex Concertación, derecha y gobierno FA-PC—, donde la huelga efectiva está limitada, la negociación colectiva es fragmentada y por empresa, y la precarización ya existe bajo la forma del subcontrato, la polifuncionalidad, la inestabilidad laboral y los bajos salarios. Su reforma encubierta busca ampliar la flexibilidad patronal, aumentar la disponibilidad obrera y debilitar aún más su organización.

Por eso, no basta con esperar la discusión parlamentaria ni confiar en indicaciones negociadas entre cuatro paredes. La reforma laboral encubierta debe ser respondida ahora con una coordinación nacional de emergencia contra el ajuste del gobierno.

Unidad de acción, pero desde las bases

Para enfrentar a Kast necesitamos la más amplia unidad de acción de la clase trabajadora, la juventud, las mujeres, los pobladores, los migrantes, los pueblos originarios y todos los sectores atacados por el gobierno. Ningún sector aislado podrá derrotar esta ofensiva por sí solo. Por eso, es necesario exigir a la CUT, al Colegio de Profesores, a la Unión Portuaria, a las federaciones mineras, a las federaciones estudiantiles, a los sindicatos, organizaciones territoriales, ambientales, feministas y de migrantes que convoquen espacios reales de coordinación nacional.

Pero esa unidad no puede ser una foto entre dirigentes ni un acuerdo por arriba entre aparatos. Debe construirse con asambleas de base, mandatos votados, delegados revocables y participación efectiva de trabajadores, estudiantes y pobladores. Cada trabajador debe exigir información y democracia en su sindicato; cada estudiante debe exigir asambleas, centros de estudiantes activos y federaciones al servicio de la lucha; cada organización territorial debe discutir cómo enfrentar los recortes, las alzas, la precarización y la ofensiva laboral del gobierno.

La unidad que necesitamos no es pasiva ni testimonial. Debe servir para preparar jornadas nacionales de protesta, coordinación entre sectores en lucha, movilizaciones territoriales, paralizaciones parciales y avanzar hacia un paro nacional efectivo, construido seriamente desde las bases. Si el ataque es nacional, la respuesta también debe ser nacional. Kast quiere avanzar rápido; la clase trabajadora y la juventud no pueden responder tarde, divididas o subordinadas a los calendarios institucionales.

Recuperar las organizaciones para la lucha

La unidad que necesitamos no puede ser una foto entre dirigentes ni un acuerdo por arriba entre aparatos. Debe construirse con asambleas de base, mandatos votados, delegados revocables y participación efectiva de trabajadores, estudiantes y pobladores. Por eso, junto con exigir a las direcciones que convoquen a luchar, es necesario organizar oposiciones clasistas y antiburocráticas para recuperar sindicatos, federaciones y centros de estudiantes.

La CUT, el Colegio de Profesores, la CONFECH, las federaciones universitarias, los centros de estudiantes secundarios y los sindicatos estratégicos deben estar al servicio de la lucha, no de la espera electoral ni de la presión parlamentaria. Recuperar estas organizaciones significa ponerlas al servicio de jornadas nacionales de protesta, paralizaciones parciales y la preparación seria de un paro nacional efectivo, construido desde las bases.

En este sentido, el movimiento estudiantil tiene una tarea clave. Las movilizaciones contra los recortes, la solidaridad con Palestina y las primeras coordinaciones contra el CAE expresan una disposición todavía incipiente, pero real, a reorganizarse. La lucha contra el endeudamiento educativo puede unir a estudiantes, egresados, trabajadores precarizados y familias endeudadas; por eso debe transformarse en asambleas, federaciones combativas, recuperación de la FECH y coordinación con otros sectores de la clase trabajadora.

Un programa para enfrentar el ajuste

La unidad no puede construirse en abstracto. Necesitamos un programa de lucha que parta de los problemas concretos de las mayorías trabajadoras y avance hacia el cuestionamiento de las bases del capitalismo neoliberal chileno.

Ese programa debe comenzar por el rechazo a todos los ataques del gobierno de Kast: abajo el Plan de Reconstrucción Nacional; no a la rebaja del impuesto corporativo; no a los beneficios tributarios para grandes inversiones; no a la invariabilidad tributaria para el capital; no a los recortes en salud, educación, vivienda y programas sociales; no al pago de la deuda pública a los grandes capitalistas; restitución inmediata de todos los recursos recortados y plan de emergencia para hospitales, consultorios, establecimientos educacionales, universidades públicas y programas sociales.

También debemos levantar con fuerza una respuesta obrera contra la reforma laboral encubierta: no a las jornadas de 52 horas, no a los contratos por hora, no a la anualización de la jornada y a toda forma de flexibilidad patronal. Por una reducción inmediata 40 hrs de la jornada sin rebaja salarial, reparto de las horas de trabajo entre ocupados y desocupados, fin de la subcontratación, igualdad de derechos y salarios entre trabajadores de una misma rama, paso a planta, defensa irrestricta del derecho a huelga, protesta y organización.

Junto a esto, es necesario exigir el fin del cobro persecutorio del CAE y la condonación real de la deuda educativa; congelamiento de los precios de productos y servicios básicos como agua, luz, gas, transporte y combustibles; estatización de esos servicios bajo control de trabajadores y usuarios; fin de las AFP y un sistema previsional público, solidario y de reparto bajo dirección de sus trabajadores; legalización del aborto y defensa de los derechos de las mujeres y diversidades; derechos plenos para trabajadores migrantes; fin de la militarización del Wallmapu y defensa de los derechos del pueblo mapuche.

Pero este programa no puede limitarse a pedir migajas. Si el gobierno dice que no hay recursos, debemos responder con claridad: recursos existen, pero están en manos de los bancos, las mineras, las AFP, las Isapres, las forestales, las eléctricas, las concesionarias y los grandes grupos económicos. Por eso, es necesario levantar la nacionalización del cobre y el litio bajo control de los trabajadores y comunidades, para financiar salud, educación, vivienda, pensiones y un verdadero plan nacional de obras públicas.

La clase trabajadora también debe asumir la lucha ambiental. La transición ecológica no puede quedar en manos del mercado ni de las empresas que destruyen territorios: debe ser planificada democráticamente, bajo control de trabajadores, comunidades y pueblos afectados.

Independencia de clase y salida de fondo

La política para enfrentar a Kast debe combinar amplitud y delimitación. Amplitud para unir a todos los sectores dispuestos a luchar contra el ajuste, la represión, la precarización laboral y los retrocesos sociales. Delimitación para no subordinar esa fuerza a las direcciones que quieren llevar el conflicto al Congreso, a la negociación parcial o a las próximas elecciones.

No se trata de esperar al progresismo que administró este régimen, ni de confiar en que la institucionalidad frenará al gobierno. Se trata de construir una alternativa independiente de la clase trabajadora y el pueblo, con organización desde abajo, democracia obrera y un programa contra el gran capital.

En esto no partimos de cero. La tradición clasista del movimiento obrero chileno, expresada en la CUT de Clotario Blest, comprendía que las demandas inmediatas debían ligarse a una perspectiva de transformación social. Hoy esa enseñanza vuelve a ser urgente.

Kast no caerá por el calendario electoral ni será derrotado por discursos parlamentarios. Solo una fuerza obrera, estudiantil y popular, organizada desde abajo y con independencia de clase, puede derrotar el ajuste, frenar la reforma laboral encubierta y abrir una salida propia: una salida de los trabajadores y el pueblo.