Por Camila Ruz y Nico MIT

Hay mucho bombardeo de información y videos sobre lo sucedido en Venezuela. Entendemos y compartimos el odio de trabajadores venezolanos que tuvieron que salir de su país por el hambre y desnutrición provocada por una dictadura, que se dice socialista, pero que reprime con saña a quienes los enfrentan, sean por la derecha, por la izquierda por parte de trabajadores que lo único que querían era garantizar el pan para su familia. Por eso, desde el momento cero criticamos el rol del chavismo, dijimos que eso no era socialismo y solidarizamos con esas luchas que realizaron en su país contra la dictadura de Maduro. Solidarizamos con la posterior migración que tuvieron que realizar, llegando a trabajos malpagos que no correspondían a sus estudios, partiendo de cero, teniendo a sus familias lejos, encontrándose a veces con la discriminación, y ahora con la incertidumbre y preocupación por la situación de sus familias en Venezuela. Por eso queremos dejar de lado el juicio moral sobre si es correcto o no celebrar lo ocurrido con la captura de Maduro. Lo que queremos es conversar sobre la realidad, y qué puede pasar ahora.

Junto con solidarizarnos, evaluamos que es equivocado pensar que después de este ataque imperialista las cosas van a mejorar, quizás se logren algunas cosas como la libertad de algunos presos políticos, lo que es importante. Pero los efectos más profundos no se vean en corto plazo. Pues Trump fue claro, él va a controlar totalmente el gobierno y el petróleo venezolano. Su objetivo es volver a transformar a Venezuela en una colonia, tal como los yanquis ya hicieron con Panamá. Pensar que en una colonia yanqui los trabajadores venezolanos vivirán mejor es una ilusión total. Si fuese así tendríamos que decir que Simón Bolívar se equivocó al encabezar la liberación del imperio español. También. Sabemos que EEUU no es el único que tiene sed de robar petróleo, el mismo objetivo tienen China, Rusia y, el régimen del chavismo y la boliburguesía lo ha robado por décadas.

Se muestra una aparente contraposición entre quienes celebran la detención de Maduro y entre quienes la condenan como ataque imperialista. Ese debate no se da sólo entre los gobernantes empresariales (sean de derecha o izquierda), sino principalmente entre la clase trabajadora a nivel internacional. Acá retomo el concepto de “aparente”, ¿por qué aparente?, porque como clase trabajadora, tenemos intereses en común, somos personas que solo vivimos de nuestro trabajo y queremos lo mejor para nuestras familias, hemos compartido con amigos venezolanos en huelgas contra una empresa que nos ha sobreexplotado, y sabíamos que los patrones no eran nuestros aliados. Entonces, quizás esa contraposición existe por no poder conversar en profundidad sobre nuestras experiencias históricas, sin terminar en peleas reduccionistas por redes sociales u otros medios.

No es para menos, pues sin ir más lejos, desde el pueblo chileno también tenemos una pésima experiencia con una dictadura capitalista, pero que transparentemente fue de derecha y encabezada por EEUU. Esa dictadura impulsó la privatización de derechos sociales (como la educación, salud, vivienda), y para imponer los planes de EEUU dejó a miles de asesinados y detenidos desaparecidos hasta el día de hoy, torturó a diestra y siniestra, encarceló y mató a cualquier disidente bajo el nombre de “combate al cáncer marxista”; Mientras, por su parte, el pueblo venezolano tiene una pésima experiencia bajo una dictadura capitalista igual de sanguinaria, pero que fue disfrazada de socialismo, e impulsó la “nacionalización” de sectores industriales solo para enriquecer a una nueva clase empresarial que emergió con el chavismo: la boliburguesía (combinación de conceptos de bolivariano y burguesía), vinculada directamente al aparato burocrático del PSUV.

El régimen venezolano no sirvió para enfrentar al imperialismo, sino todo lo contrario, el chavismo mantuvo el abastecimiento de petróleo a los Estados Unidos incluso cuando el imperialismo invadía Irak, mantuvo la dominación de las multinacionales, e incluso profundizó el modelo rentista petrolero, parasitario y colonial. El petróleo representaba 64% de las exportaciones en 1998 y pasó a 92% en 2012. Ese vínculo hoy se estrecha, pero ahora bajo el acuerdo que está haciendo la vicepresidenta Delcy Rodriguez con Trump. Es claro que a Trump no le interesa si en Venezuela continúa la dictadura o no, lo único que le interesa es controlar su “patio trasero”, y apropiarse de la mayor reserva de petróleo del mundo.

¿Es Estados Unidos un aliado del pueblo de Venezuela?

¿Cómo se puede confiar en Trump como defensor de la “transición democrática” si es el mismo que ha suministrado armas para que Israel invada y asesine, torture y deje en hambruna al pueblo Palestino, a sus familias y niños? ¿Cómo se puede confiar en Trump como democrático, si es el mismo que ha perseguido y expulsado a inmigrantes que no son delincuentes dentro de EEUU? (hay varios videos de inmigrantes que denuncian ser perseguidos arrestados por la policia sin ningún control, solo por su idioma y tono de color de piel), ¿Cómo se puede confiar si Trump avaló el asesinato de una mujer en Minneapolis por parte de la policia migratoria? y ¿Cómo se puede confiar en alguien que niega los efectos medioambientales que provocan las industrias?. Amigos, no podemos permitir que el odio contra Maduro nos nuble la visión.

Trump, bajo la excusa de la guerra contra el narcotráfico ha estado bombardeando distintos sectores, no es “solo sacar a Maduro”, ya amenazó a Gustavo Petro, presidente de Colombia, indicando que tiene que «cuidarse el trasero«. Sin embargo, las justificaciones de Trump para acosar al territorio venezolano no se sostienen en la realidad. Según la UNODC, la producción mundial de cocaína aumentó en un 34% en 2023 respecto del año anterior, pese a la presencia de más de nueve bases militares estadounidenses en territorio colombiano (mayor productor de cocaína) y miles de millones de dólares invertidos desde el Plan Colombia. La supuesta política de Trump para el narcotráfico solo ha intensificado la violencia, la corrupción y la represión en zonas campesinas y urbanas. La contradicción es tal, que Trump indultó a Juan Orlando Hernández, ex presidente de Honduras condenado por narcotráfico.

Es que EEUU viene también sufriendo una crisis económica y social, y Trump busca agarrarse de territorios para asegurar cadenas de suministros y evitar que su poderío disminuya. En ese contexto de crisis del país, hay otro factor, y es que China se convirtió en el segundo mayor usuario y principal socio comercial de Venezuela: el comercio bilateral pasó de US$6,3 mil millones en 2016 a US$12,8 mil millones en 2024. Gracias a sus inversiones portuarias y logísticas, China disputa el control de un corredor interoceánico históricamente dominado por EE. UU.; y frente a ello, Washington ha respondido aumentando su presencia naval y diplomática en la zona. En realidad, lo que está en juego no es una lucha contra las drogas, sino una disputa por no perder el control de los recursos y rutas del continente. En ese sentido, Venezuela es un país importante, tanto por sus reservas de petróleo, como por sus actuales alianzas con China, Irán y Rusia. Esto no pone a China como aliada, todo lo contrario, esos países capitalistas disfrazados de izquierda, también solo quieren saquear los recursos del pueblo venezolano. Pero es EEUU el que tiene el gran poderío militar y lo está queriendo reforzar con este mensaje.

Por otra parte, es falso lo que indica Trump de que el petróleo venezolano haya pertenecido primero a EEUU, pues desde que fue explotado en la década de 1920 bajo el gobierno de Juan Vicente Gómez se puso en marcha un sistema de concesiones que atrajo a las empresas estadounidenses, las cuales podían extraer y comercializar el crudo venezolano a cambio del pago de una regalía que quedó inicialmente fijada en un 7%. Por supuesto, hubo un grupo de expertos estadounidenses, pero los que cortaron la selva, excavaron los pozos y trabajaron el terreno fueron los venezolanos. Sí, muy similar a lo que ocurre con el cobre en Chile, donde la Constitución dice que el cobre es chileno, pero abre pasos a concesiones para que las empresas privadas puedan venir a explotarlo y saquearlo.

Trump ha convertido la metafórica guerra contra las drogas de Richard Nixon (el presidente de EEUU que organizó golpe de Estado en Chile y Latinoamérica) en una literal. Es más, Trump ha declarado directamente querer volver a la política exterior del presidente James Monroe, con la que el país declaraba en 1823 su intención de resguardar a la región del avance de las potencias ajenas al continente. «Tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y aplicará la doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental», dice el nuevo documento que llama a este enfoque «corolario Trump a la doctrina Monroe».

Fue el presidente James K. Polk (1845-1849) el que dio una primera reinterpretación a la doctrina como una política de expansión de EE.UU.: Washington ejecutó la invasión de México, por la que este país fue obligado a ceder 55% de su territorio, en 1848. También ocupó en varios momentos República Dominicana y Panamá.

Trump ha dicho que busca recuperar la idea de «paz por medio de la fuerza» [Peace Through Strength], el antiguo lema del presidente Ronald Reagan (otro líder neoliberal antitrabajadores) que se basa en fortalecer el poder militar como garante de estabilidad. La doctrina Monroe también fue inseparable de la estrategia estadounidense en Latinoamérica durante la Guerra Fría. Washington intervino y apoyó golpes de Estado como el de Guatemala, dictaduras como las de Chile y Argentina, o contrarrevoluciones como la de Nicaragua para frenar el avance del “comunismo”. Con el fin de la Guerra Fría, la doctrina Monroe se mantuvo a través de instituciones diplomáticas, organismos económicos y ayudas humanitarias. Donald Trump retomó la doctrina Monroe en su discurso, y su secretario de Estado y su consejero de seguridad reivindicaron su vigencia.

En nombre de la Doctrina Monroe, en los últimos dos siglos ha habido numerosas intervenciones políticas, militares y económicas estadounidenses en América Latina, región que por ello llegó a ser considerada como el «patio trasero» de Washington. Sin embargo, una cosas son los deseos de Trump, y otra lo que esté dispuesto a hacer el gran empresariado. Hasta ahora, con Venezuela ha dado una primera demostración, pero aún es muy temprano para ver qué sigue. Sin embargo, eso no nos debe detener, sino que poner en mayor alerta.

Bajo la retórica democrática, EEUU realizó invasiones que fueron en contra de los pueblos:

  • Panamá (1989): la invasión para capturar a Manuel Noriega, a quien también se acusaba de narcotráfico, causó cientos de víctimas civiles, graves daños urbanos y cuestionamientos internacionales sobre el uso desproporcionado de la fuerza. Hoy Panamá es una colonia, ni moneda propia tiene, pues usa el dólar.
  • Irak (2003): la invasión, justificada por la supuesta existencia de armas de destrucción masiva (nunca encontradas), provocó la desestabilización del país, cientos de miles de muertes civiles, el colapso institucional y el surgimiento de grupos extremistas como el Estado Islámico. Luego de la invasión, nunca pudieron imponer una pax americana y se sucedían gobiernos cortos e inestables. El punto de partida fue que, por su inferioridad militar, los altos mandos y la estructura militar del régimen de Saddam (mayoritariamente sunnitas) optaron por no enfrentar frontalmente a las fuerzas invasoras sino que “pasaron a la clandestinidad” para combatirlos con métodos de guerrilla y terrorismo urbano, con bastante éxito. Se inició así una guerra de resistencia y liberación nacional contra el ocupante.
  • Afganistán (2001–2021): tras dos décadas de ocupación militar bajo el argumento de combatir el terrorismo, el país quedó sumido en una crisis humanitaria, con una infraestructura debilitada y el regreso del Talibán al poder tras la retirada estadounidense, lo que ha sido nefasto para la clase trabajadora, especialmente las mujeres que se ven privadas de estudiar. Es decir, de trabajo democrático, nada se realizó, solo saqueo.

EEUU en su crisis, aprovecha el desgaste de los gobiernos (hoy de Maduro) para derrocarlos y saquear más fácilmente los recursos naturales, todo bajo la retórica democrática. Incluso usan las invasiones para seguir mejorando sus negocios: en Irak y en Afganistán muchas empresas del rubro militar estadounidenses hicieron fortunas con las guerras. Hoy, Trump dice que el mismo pueblo venezonalo pagará la invasión, con los dineros del petróleo.

¿Podemos hacer algo al respecto?

Nos encantaria que el panorama que se pinta para Venezuela y Latinoamérica sea distinto, pero eso dependerá de si hay resistencia o no. Quizás en esta primera conversación no tengamos acuerdo, normal, pero tenemos que ir comparando nuestras expectativas con la realidad, y en virtud a ello ir actuando y seguir conversando. Necesitamos pasar de la emoción a intentar entender todo lo que está ocurriendo. Abrir conversaciones dejando de lado los epítetos, sino tratando de llegar a la verdad. Ustedes y nosotros pertenecemos a una misma clase, a la clase trabajadora, es por eso que queremos ofrecernos para dialogar junto a uds y unir nuestras fuerzas a las de nuestros hermanos de clase para organizarnos y luchar juntos.

Debemos exigir garantías democráticas YA para el pueblo venezolano:

  • Libertad de sindicalización, de organización,
  • Liberar a TODOS los presos políticos
  • Elecciones libres controladas por asambleas de trabajadores, etc.

Hay que sacar las manos de Trump de Venezuela. Si bien el imperialismo es fuerte y está armado hasta los dientes, no es indestructible, ya han tenido derrotas como en Vietnam o en mismo Afganistán. En ese camino, luchar contra el régimen que dejó Maduro y el PSUV.

Es natural que haya mucho miedo ante la represión, entonces hay que luchar incluso por entregar armas al pueblo venezolano para su defensa. La base de las fuerzas armadas venezolanas deben defender a su pueblo, no a Maduro ni a Trump. Por su parte, el pueblo estadounidense debe presionar a las bases de la tropa de EEUU para frenar la invasión a Venezuela y a cualquier otro país.

Esta tarea no es solo del pueblo Venezolano, no es un asunto nacional. Sino que es tarea de la clase trabajadora a nivel internacional, entender este momento y ver cómo actuar.

Referencias:

  1. https://litci.org/es/a-donde-va-venezuela/?utm_source=copylink&utm_medium=browser
  2. https://vozdelostrabajadores.cl/venezuela-y-la-ofensiva-imperialista-de-ee-uu
  3. https://www.bbc.com/mundo/articles/c8xdwjw2l9yo
  4. https://cir-internacional.org/fuera-trump-y-los-yanquis-de-venezuela-fuera-el-imperialismo-de-america-latina-impulsemos-las-movilizaciones-y-lucha-en-todo-el-mundo-ningun-apoyo-politico-a-la-dictadura-de/
  5. https://www.bbc.com/mundo/articles/c3g23990xn7o
  6. https://litci.org/es/la-guerra-de-irak-donde-bush-se-rompio-los-dientes/?utm_source=copylink&utm_medium=browser

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