Por Cristian Leiva

Tres escenas nos vinieron a la memoria al saber de la muerte de  Patricio Guzmán, cineasta chileno, autor de la trilogía documental “La Batalla de Chile”. Precisamente dos de las imágenes provienen de dicho documental. La primera escena está llena de belleza, filmada en blanco y negro: la cámara sigue a un hombre llevando un carretón. Con una maestría que sorprende, el hombre pareciera volar llevado por el impulso de la pesada carga en perfecto equilibrio, sus pies apenas tocan el suelo. De fondo se escuchan las notas nostálgicas y tristes de lo que pareciera ser una zampoña, ejecutando la canción Venceremos. Ese pequeño fragmento de la tercera parte de la Batalla de Chile emociona. El arte de un oficio mostrado en cámara. Quien ha debido arrastrar la pesada carga de un carretón no puede sino maravillarse ante el conocimiento popular que hace casi volar al carretonero.

La segunda escena, ocurre también en la tercera parte de la Batalla de Chile: Esta vez la cámara muestra a un hombre joven, un obrero de bigotes y gorra,  le preguntan cómo le hace para trabajar y además sostener el almacén popular de su sector. Es un poblador que junto a miles forma parte de la infraestructura de abastecimiento levantada por las y los trabajadores para intentar romper la huelga de empresarios que paraliza el comercio, las fábricas y el transporte. Sus palabras finales impactan: “Si tengo que morir por algo, quiero morir defendiendo la causa nuestra, como obrero y como…explotado…”. En la tercera parte de la Batalla, la cámara vuelve una y otra vez sobre los rostros de los obreros. Sorprende su convicción, su lenguaje, hablan de política, de las acciones que realizan para trabajar, para abastecerse, para avanzar en un proceso que los lleve al socialismo. Son los protagonistas, los que lucharon, trabajadores con Consciencia que a contrapelo del propio gobierno sostuvieron el abastecimiento y la economía popular a flote, son los rostros del Poder Popular. Serán los que mueran o desaparezcan después del golpe, los que quedarán invisibles tras el bombardeo a la Moneda y la domesticación de los partidos de la ex Unidad Popular.

Patricio Guzmán los saca del olvido, los trae el presente. Así fuimos los y las trabajadores de este país, así podemos volver a ser. Protagonistas de nuestra política para luchar porque la economía y el poder esté en nuestras manos.

La obra de Patricio Guzmán, no teme mirar las cicatrices, las heridas todavía purulentas de este país, muestra, cuestiona, compara: la búsqueda de la luz de los astros con la búsqueda de los desaparecidos en “Nostalgia de la Luz”, revive los cuerpos arrojados al mar y a los pueblos navegantes de la Patagonia, exterminados por el joven capitalismo chileno en “Botón de Nácar”. De esta película viene la tercera imagen con la que conmemoramos a este cineasta. La escena nos muestra el rostro de Gabriela, una de las últimas hablantes de la lengua Kawéskar. La voz de Patricio Guzman le pide traducir palabras a su idioma. Cuando le pide que traduzca las palabras Dios y Policia, ella afirma que no hay palabras con ese significado para ellos. Hermosa y triste poesía visual.

Entristece la partida de Patricio Guzmán, pero así como sus imágenes rescatan del olvido pueblos hoy desaparecidos, así también sobrevivirá su memoria en su poesía visual y política que nos habla de tiempos pasados y futuros.