por Paz Ibarra
En este terrible momento de ataques a los trabajadores, inmigrantes y a todos los explotados del mundo, las mujeres debemos retomar el hilo histórico que une a trabajadoras y trabajadores.
Las trabajadoras y campesinas empujaron el estallido de la Revolución de 1917 en Rusia por “pan, paz y tierra”. En Chile, en los cantones salitreros, las mujeres pampinas impulsaron la huelga de los obreros contra los abusos de los patrones y el robo en las pulperías con la huelga de las cocinas apagadas en 1918.
A fines del siglo XX, mujeres kurdas se armaron contra la dictadura de Sadam Husein en Iraq.
Las mujeres están siendo resistencia en la Palestina ocupada y en todos los países de Oriente Medio donde el sionismo y las monarquías absolutas son cómplices de las garras del imperialismo global. Miles de estudiantes y mujeres se alzaron en Irán contra la cesantía, el hambre, la represión y la censura del régimen totalitario de los Ayatolah, que criminalizó la protesta del pueblo iraní acusándola de proimperialista. Ahora deben enfrentarse, en primer lugar, al imperialismo norteamericano que ataca violentamente el país. Desde hace décadas y en todo el mundo, las mujeres se enfrentan con fuerza a la violencia de los estados burgueses y los gobiernos de distinto color político, contra la explotación y la opresión.
Sin embargo, parte de esa fuerza ha sido tomada por el feminismo y transformada en lucha contra los hombres. En la historia, las mujeres en cargos de poder nunca han resuelto ni la miseria ni la opresión de millones de mujeres en el mundo. Margaret Thatcher, primera mujer en ocupar el cargo de Primer Ministro en Inglaterra, ordenó la más brutal represión contra la lucha por la autonomía de Irlanda y contra los mineros del carbón que resistían al cierre de las minas. Michelle Bachelet, primera mujer en ocupar la presidencia de Chile, implementó la militarización del Walmapu a través del Plan Huracán y no hizo retroceder ni una coma del Código del Trabajo heredado y defendido desde la dictadura.
EN CHILE, SE MANTIENE LA OPRESIÓN DE LAS MUJERES
A pesar de que la participación social de las mujeres es mayor, y de que hay más organizaciones feministas, sigue existiendo un abismo entre las mujeres ricas y las pobres. Pero una y otra vez, miles de honestas activistas, por el medioambiente, por la niñez maltratada, por las disidencias, han confiado su fuerza de lucha a dirigencias expertas en dar la espalda y sentarse a dialogar, a pesar de discursos incendiarios o buenas intenciones. De esto se sirvió el “progresismo” en La Moneda, que finalmente desarticuló los movimientos sociales fortalecidos entre 2011 y 2019.
En enero de 2020 la 8M, junto a las organizaciones de secundarios, rompió con la Mesa de Unidad Social ante el apoyo dado al Acuerdo por la Paz impulsado en noviembre por Piñera para frenar el proceso en las calles que amenazaba la continuidad del gobierno. En su declaración de salida, la 8M mantenía la exigencia de renuncia de Piñera (como responsable político de las atroces violaciones a los DD-HH a causa de la represión policial y la salida a las calles de efectivos militares), llamando a fortalecer las asambleas territoriales y convocando por primera vez a la “Huelga General Feminista”
Sin embargo, dos meses después, dio paso escandalosamente a una ridícula y vacía consigna de “los machitos para la casa”, como forma de lucha contra la opresión del Estado.
Incluso más; durante el proceso constituyente, donde la 8M tuvo un mandato fuerte con sus voceras Alondra Carrillo y Karina Nohales quienes entraron en la Convención, decidieron negociar largamente con convencionales del PS, rebajando incluso derechos como la negociación laboral por rama de la producción, que habría beneficiado a toda la clase trabajadora, a cambio de poner derechos reproductivos en la redacción de la propuesta de nueva Constitución.
Ya instalado en La Moneda y después de haber proclamado el signo feminista de su gobierno, Boric adoptó políticas contrarias a las demandas de los movimientos sociales. Su ministra de Interior y Seguridad Pública Izkia Siches, primera mujer en asumir ese cargo en la historia de Chile decretó el Estado de Excepción en el Walmapu, para contentar al gran empresariado forestal y agrícola. Al mismo tiempo, el gobierno anunció un hipócrita Plan Buen Vivir y una Comisión para la Paz y el Entendimiento.
Boric usó el apoyo de los movimientos sociales, incluyendo el de la Coordinadora 8M, para desmovilizar la protesta y mantener la misma paz que invocó el gobierno de Piñera. Es decir, ha hecho el trabajo sucio para que asuma con plena tranquilidad el próximo gobierno de Kast.
Otro ataque: la PGU, proyecto original del segundo mandato de Piñera y promulgado por Boric, implica un aumento encubierto de la edad de jubilación para las mujeres, ya que nosotras sólo podremos postular una vez cumplidos los 65 años de edad, 5 años después de jubilar por ley. Este “beneficio” que al final se tradujo en un subsidio para las AFP, ya que la PGU será pagada íntegramente con nuestros impuestos, no provocó reacción alguna de las dirigentas de la 8M ni de la CUT.
Cuando más se necesita la unidad de las y los explotados y oprimidos, en un mundo donde la barbarie imperialista amenaza la vida en todos los ámbitos, las dirigentes de la Coordinadora 8M continúan dividiendo en los hechos esa unidad tan importante, si lo que queremos en verdad es no seguir perdiendo derechos. Ellas nos llaman a una Huelga general feminista, la que será una consigna vacía porque no se preparó desde las bases en los lugares de trabajo. Una huelga que no sea realmente productiva no conseguirá un solo peso para financiar nuestras demandas.
¿POR QUÉ NO ESTAMOS POR LA LUCHA FEMINISTA?
El presidente electo representa al sector más duro y conservador de la burguesía chilena, aquella ligada al pinochetismo, al Opus Dei y las familias que arrastran una historia aristocrática de abusos y crímenes contra el pueblo trabajador. La familia Kast colaboró en 1973 con la detención, desaparición y exterminio masivo de obreros agrícolas y de decenas de campesinos que habían sido beneficiados por la Reforma Agraria en Buin y Paine; y después fue parte del gobierno de la dictadura.
Pero su gobierno es parte de un fenómeno global, en donde el capitalismo decadente y brutal de este siglo culpa de todos los males a los migrantes, mujeres y población LGBTI+. Tal discurso de odio es usado por gobiernos aparentemente opuestos como los de Estados Unidos e Irán, profundizando la explotación que genera más riqueza para los super ricos, restringen derechos civiles con un falso discurso de democracia y libertad, al tiempo que dividen a los oprimidos fomentando odio hacia las “minorías”. Contra ese fenómeno global, de nada sirve que las mujeres luchen por un lado y los hombres por otro. Ya que nosotras sufrimos la discriminación, el maltrato y la violencia del Estado que defiende a los poderosos, las mujeres debemos impulsar la unidad de los explotados, en Chile y el mundo. Contra los gobiernos totalitarios como el de Irán o las monarquías árabes, contra el sionismo o los gobiernos “democráticos” que toleran el trabajo esclavo infantil y atroces crímenes hacia las mujeres y disidencias.
Somos las trabajadoras quienes debemos encabezar todas estas luchas. La barbarie imperialista no puede enfrentarse con “huelgas feministas”. Somos nosotras las trabajadoras quienes este 8 de marzo llamamos a luchar contra todo tipo de explotación y opresión.
¡Ni un paso atrás en nuestros derechos!
¡Arriba la lucha de las trabajadoras!
¡Solidaridad con el pueblo palestino, iraní y ucraniano! ¡A romper relaciones con Israel, Rusia y el imperialismo norteamericano!
Unidad de todas las luchas bajo la bandera de la Clase Trabajadora Mundial



