Como escribimos anteriormente, el gobierno de Boric mantuvo intacta la “tradición” de los gobiernos de la Concertación y de la derecha de gobernar el país para las familias más ricas, privilegiando la “estabilidad económica” para que las transnacionales y los empresarios chilenos sigan lucrando ríos de dinero mientras la mayoría del pueblo vive en la pobreza y el endeudamiento. Kast continuará en el mismo sentido, pero con menos disfraces y sin discursos supuestamente “de izquierda”.

Por otro lado, no creemos que Kast instaure el fascismo en Chile. No porque no sea un pinochetista de cuerpo y alma, sino porque el gran empresariado no necesita el fascismo en este momento para seguir dominando el país. Hoy no estamos en las vísperas del golpe de 1973. En ese entonces, la burguesía chilena y el imperialismo estaban arrinconados por el movimiento de masas, que tomaba fábricas y tierras y exigía al gobierno de Allende ir mucho más allá de su programa inicial. El miedo al comunismo —a la dictadura del proletariado— fue lo que llevó al golpe de 1973 y a la violencia fascista de la dictadura pinochetista.

Lo que el empresariado chileno y las transnacionales necesitan hoy es un gobierno que privilegie aún más sus ganancias, que abra todavía más la economía, que destruya aún más la naturaleza y que aumente la explotación sobre los trabajadores. Para eso, la democracia burguesa chilena es muy eficaz; en muchos de estos aspectos, tanto la derecha como la izquierda progresista están de acuerdo, como ya vimos con la aprobación de varias leyes antitrabajadores durante el gobierno de Boric.

Decir que Kast no es fascista no significa creer que no atacará a los trabajadores y a las minorías. Al contrario: Kast utilizará gran parte de la legislación reaccionaria aprobada por Boric (Ley Naín-Retamal, TPP-11, Ley de Permisología, etc.) para aumentar la represión contra los movimientos sociales y la explotación de los trabajadores. Toda esta situación nos planteará la necesidad de reaccionar. Si no hay reacción social, veremos retrocesos importantes en las condiciones de vida. Si la hay, podremos frenar a este gobierno y volver a discutir los pasos a seguir para obtener conquistas.

¿Cuál será la magnitud de los ataques de Kast?

Nadie puede decir con precisión qué va a pasar en los próximos cuatro años. En primer lugar, la economía chilena está totalmente conectada al mercado mundial y sufrirá los impactos de posibles crisis internacionales. El estallido de una nueva burbuja especulativa —algo previsto por muchos economistas en el caso de la industria de la inteligencia artificial— podría generar enormes efectos en la economía mundial y también en Chile. Nuevas guerras o conflictos interimperialistas también podrían afectar a nuestro país, al igual que la lucha de clases en otros lugares, como ya vimos en el caso de Palestina.

En el plano interno, ya hemos señalado que los problemas sociales que generaron el estallido de 2019 siguen vigentes: la crisis en la salud pública y en la educación, las bajas pensiones y salarios, la precariedad laboral, el caos —y el alto costo— del transporte público en las grandes ciudades y el aumento de la violencia. Toda esta situación debe ser considerada si queremos pensar qué ocurrirá en los próximos años. La inestabilidad global y las contradicciones internas pueden generar grandes luchas sociales en nuestro país.

Es probable que los ataques de Kast no sean de la misma magnitud que los de Milei en Argentina, por ejemplo, ya que la situación económica argentina era y sigue siendo bastante peor que la de Chile. Además, en Argentina todavía existen muchas conquistas sociales producto de las luchas del movimiento obrero, conquistas que en Chile se perdieron durante la dictadura. Gran parte de las reformas que está aprobando Milei ya fueron implementadas en Chile, en ámbitos como el laboral y la privatización de empresas y servicios públicos. Sin embargo, podemos esperar ataques importantes del gobierno.

Los empresarios de todos los sectores se sienten fortalecidos, y eso se traducirá en mayores abusos en los lugares de trabajo, así como en una menor fiscalización por parte de instituciones como la Dirección del Trabajo. También podemos esperar leyes que favorezcan aún más a los grandes empresarios en detrimento de los trabajadores. Kast ya anunció una serie de medidas para los primeros días de gobierno, como la rebaja de impuestos a las grandes empresas, la aprobación de proyectos con alto impacto social y ambiental (como el proyecto Dominga), la expulsión masiva de migrantes y la persecución al comercio informal. Además, promete realizar un gran “ajuste fiscal” reduciendo el gasto social, lo que sin duda afectará a muchos programas, así como a la salud y la educación públicas.

Probablemente veremos despidos de funcionarios públicos y un empeoramiento de la infraestructura de hospitales y colegios. En el ámbito de las disidencias sexuales, las mujeres y otros sectores oprimidos, podemos esperar un gobierno aún peor que el de Boric, que hizo muy poco para cambiar la realidad de estos sectores. Debido a su base de apoyo de extrema derecha, es posible que Kast intente atacar derechos mínimos conquistados con mucha lucha, como el aborto en tres causales o el financiamiento de programas relacionados con las disidencias sexuales. Asimismo, los sectores mapuche que no se adaptan a la institucionalidad burguesa pueden esperar “mano dura” del próximo gobierno. También es probable que la impunidad policial sea aún mayor en casos de represión, asesinatos e incluso corrupción dentro del aparato policial y de las Fuerzas Armadas.

¿Qué debemos hacer?

Esta realidad plantea enormes tareas a los sectores conscientes de la clase obrera, a los trabajadores en general y a la juventud. No podemos permitir ningún retroceso social. Desde ya, es necesario que las organizaciones de la clase trabajadora —como los sindicatos, las federaciones, la Unión Portuaria, el Colegio de Profesores y la CUT— se sienten a conversar para frenar los ataques que se avecinan. Los movimientos sociales también deben hacer lo mismo. Es fundamental que todas estas organizaciones abran espacios para las bases mediante asambleas, seminarios, foros y charlas que sirvan para aumentar la participación activa de la clase trabajadora. Cada trabajador debe exigir información y democracia en sus sindicatos.

Para frenar los ataques que vendrán, no puede haber sectarismo ni caudillismo. Sabemos que hoy muchos dirigentes sindicales o sociales se niegan a “sentarse en la misma mesa” con otros dirigentes simplemente por caudillismo, porque cada uno quiere mantener su “feudo”. Esta política es nefasta para la clase trabajadora. Para frenar los ataques de Kast es necesaria la más amplia unidad de la clase trabajadora, los pobladores y la juventud.

En el movimiento estudiantil, es necesario terminar con prácticas individualistas y ultraizquierdistas como las que vienen realizando algunos sectores en los colegios emblemáticos. Estas acciones, violentas en la forma pero carentes de contenido, no sirven para hacer avanzar la lucha estudiantil. La violencia contra la represión policial es justa y legítima siempre que cuente con el apoyo de la masa estudiantil y sea consciente, como forma de autodefensa. Esto es lo opuesto al accionar de pequeños grupos que se creen dueños de la verdad. Las prácticas sectarias de ciertos sectores del feminismo radical al interior de los colegios y universidades también deben ser combatidas. La lucha social debe ser de todos; solo así podremos frenar los retrocesos y conquistar nuevos avances. En ese sentido, es fundamental recuperar los gremios y centros de alumnos en los colegios con democracia y estimulando la participación estudiantil.

Por su parte, los estudiantes universitarios, en particular de la Universidad de Chile, han demostrado estar a la vanguardia de la lucha con la participación activa en la solidaridad con Palestina. Esto debe seguir y debemos lograr reconstruir la fuerza de la FECH y otras federaciones, recuperándolas de las manos de las burocracias estudiantiles ligadas al PC y al Frente Amplio.

Es necesario un programa de lucha y movilización

Decir que debemos construir la más amplia unidad contra los futuros ataques de Kast no significa apoyar a la burocracia sindical ni a las direcciones traidoras. Sabemos que muchos dirigentes están “apernados” en cargos sindicales, con privilegios y sin control de sus bases. Por eso, creemos que es necesario impulsar una verdadera revolución en la mayoría de las organizaciones sindicales, organizando oposiciones que permitan desplazar a los burócratas y recuperar las organizaciones para la lucha. En concreto, es necesario retomar los sindicatos que hoy están en manos del Partido Comunista, del Partido Socialista y de otras organizaciones de la “nueva Concertación”.

Es necesario organizarnos para luchar por un programa en las organizaciones de la clase trabajadora que parta de los problemas concretos y avance hacia el cuestionamiento de las bases del capitalismo neoliberal chileno. Este programa debe comenzar por el rechazo a todos los ataques del gobierno de Kast. También debe ser un programa que retome la movilización por las demandas históricas:

  • El fin de las AFP.
  • El congelamiento de los precios de productos y servicios básicos (agua, luz, gas y transporte) y la estatización de esos servicios con control de los trabajadores.
  • El fin de la subcontratación e igualdad de derechos y salarios entre trabajadores de una misma rama.
  • La legalización del aborto para proteger la vida de las mujeres.
  • La nacionalización del cobre y el litio bajo control de los trabajadores para invertir en salud, educación y vivienda.

La clase trabajadora también debe asumir la lucha ambiental, ya que el capitalismo ha demostrado ser incapaz de garantizar la supervivencia de la humanidad. Este debe ser un programa de lucha con independencia de clase, no un programa para negociar migajas. Debemos retomar el horizonte del programa de la CUT de Clotario Blest de 1953: solo con la destrucción del capitalismo y la construcción de una sociedad socialista será posible liberar a la clase trabajadora de la explotación y la opresión. Esto es lo que queremos discutir en esta edición de La Voz de los Trabajadores.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí