Por: Sofía C. Ibarra

A inicios de abril se realizó en Santiago el IV congreso nacional del Movimiento Internacional Trabajadores. Luego de seis meses de discusiones
internas, el congreso realizó importantes debates que definirán el rumbo de nuestra organización para los próximos años.

Comprender la revolución chilena y las tareas pendientes

En este congreso hemos continuado el estudio sobre el proceso revolucionario que inició en octubre del 2019, que llevó a una crisis profunda de la democracia burguesa en el país. La fuerza y la forma con la que el movimiento de masas irrumpió en la realidad política puso en cuestión a las instituciones, los partidos políticos tradicionales y la capacidad del gran empresariado (a través de sus figuras públicas visibles) para controlar el país.

En otras ocasiones hemos debatido con otras organizaciones y activistas, sobre qué significa una revolución. Muchas veces se confunde una
revolución o un proceso revolucionario, con sus resultados
. Es decir, se tiende a pensar en que únicamente son revoluciones, aquellos procesos que triunfaron y cambiaron todo el régimen o la economía de un país. Como sucedió en Rusia en 1917 o en Cuba en 1959.

Pero lo cierto es que una revolución es un proceso de la realidad, independientemente de su resultado. Tenemos que retomar la lógica que
aplicaba Lenin para definir una revolución, y es entonces cuando nos encontramos una frase muy conocida “Para que ocurra una revolución no basta, por lo general, que ‘los de abajo’ no quieren seguir viviendo como antes, sino que también es necesario que ‘los de arriba no puedan vivir’ como hasta entonces”.

Y eso es justamente lo que ocurrió a partir de octubre del 2019. Este proceso tuvo características muy importantes, que son las que explican su
profundidad:

  1. Protestas masivas que se extendieron por todo Chile
  2. La naturaleza de sus demandas, que en su mayoría chocaba con los intereses de los grandes monopolios capitalistas
  3. El uso de la violencia revolucionaria
  4. El surgimiento de nuevos organismos de la clase trabajadora (como las Asambleas Territoriales y cientos de otros colectivos de primera línea, ciclistas, etc).

El proceso del 2019 avanzó a tal punto que hizo tambalear al mismo presidente Piñera, cuando la huelga general del 12 de noviembre demostró la potencia de la lucha de la clase obrera.

Pero una revolución puede triunfar, puede ser desviada o incluso puede ser derrotada. Y, siguiendo la lógica de Lenin, la única posibilidad de triunfar para la revolución chilena, en el sentido de que sus demandas fueron plenamente resueltas, era contar con una dirección revolucionaria con peso real en la clase obrera y en las masas.

De ahí que el proceso haya sido desviado hacia lo que llamamos “reacción democrática”, es decir, una medida desesperada del gran empresariado por controlar y derrotar la revolución, a partir de una concesión dentro de la democracia burguesa. Este fue el verdadero significado del “Acuerdo por la paz”.

Cuando el gobierno de Piñera se da cuenta que ha fracasado su política de derrotar al movimiento de masas a través de la fuerza represiva, los partidos de la burguesía (UDI, RN, PS, DC, etc) junto a los partidos de la pequeño-burguesía (FA y PC) se unifican para defender el régimen, y canalizar el proceso revolucionario hacia las elecciones y una Asamblea Constituyente (Convención Constitucional) con poderes limitados.

Este punto aún hoy genera debate: el carácter de la Asamblea Constituyente y del Acuerdo por la paz. Para nosotros tiene un carácter contradictorio: por una parte, el movimiento de masas arrancó la Asamblea Constituyente de las manos del gobierno y el gran empresariado.
Sin embargo, no podemos olvidar que esta conquista parcial, se da en el marco del “Acuerdo por la Paz” el cual era profundamente reaccionario. Primero porque convocaba a una Asamblea Constituyente sin poder real para cambiar las cosas, donde incluso si ganaba el apruebo en el primer plebiscito, se mantendrían las mismas instituciones del régimen gobernando. Y segundo, porque este acuerdo llega con el objetivo de frenar las movilizaciones de masas, y salvar al gobierno de Piñera que estaba a punto de caer.

Imagen de difusión del Acuerdo por la Paz

Otra de las grandes lecciones que podemos sacar, es el papel reaccionario de los partidos y organizaciones reformistas. Mientras se iniciaba la Convención Constitucional, el gran empresariado negociaba con el Frente Amplio y el PC (a través del PS) la posibilidad de una “nueva Concertación”. Esto en caso de una derrota de la derecha en las elecciones presidenciales.

El gran empresariado tuvo que aceptar un gobierno del FA (y con un peso importante del PC), aunque no fuera su “opción favorita”, para poder controlar la revolución en curso. Y el PS fue el gran aliado del empresariado en este tema, pues tanto en el gobierno de Boric, como en la Convención, marcó cuáles eran los límites de las reformas que se podían hacer y que no afectaran los intereses de la clase dominante.

La Convención Constitucional no dio respuesta a las demandas de las masas, y al mismo tiempo, los partidos de la derecha que quedaron fuera de ese proyecto de nueva constitución atacaron violentamente a la Convención. Por otra parte, las primeras medidas del gobierno de Boric hizo entender a una parte de las masas que lo que se podía esperar del gobierno del FA y de la Convención, era “más de lo mismo”. Todo esto llevó a que en el primer plebiscito triunfara el Rechazo.

Finalmente, el gobierno de Boric fue una pieza clave para la burguesía, pues ayudó a cerrar el proceso revolucionario del 2019 canalizando el descontento de las movilizaciones hacia la institucionalidad y otorgando algunas reformas superficiales que no realizó ningún cambio estructural, lo que dio tranquilidad a la burguesía y ayudó a crear ilusiones en sectores del movimiento. Incluso ese gobierno llegó a aprobar leyes que profundizan la represión y no solo no tocó los intereses del gran empresariado, sino abiertamente lo benefició más con el acuerdo SQM-Codelco y la aprobación del TPP-11.

Así se allanó el camino para el triunfo del actual gobierno de Kast, el cual podrá gobernar sobre la base y con las herramientas de represión, que el gobierno de Boric ha garantizado.

El movimiento de masas tiene tareas pendientes para garantizar que, en el futuro, cuando estalle otro proceso revolucionario, este pueda llegar a triunfar.

En este congreso dedicamos una buena parte a examinar de manera crítica nuestra participación en el proceso del 2019, de la Convención
Constituyente y de los años posteriores, para aprender de nuestros aciertos y errores; así como de las presiones que sufrimos tanto del
oportunismo y como del sectarismo. Como organización revolucionaria asumimos el desafío de seguir discutiendo con los activistas, obreros, estudiantes y pobladores; sobre qué significó el proceso del 2019; cuáles son las principales lecciones que podemos sacar de esta revolución y cómo debemos prepararnos para las próximas luchas.

Este es el debate que hoy queremos continuar luego de nuestro congreso, para construir una organización más fuerte, más grande y más
obrera.

Un congreso de reconstrucción internacional

Si algo ha caracterizado al MIT desde sus orígenes, es nuestra convicción que la revolución socialista será internacional o no será. Creemos profundamente que toda la realidad nacional, más allá de las contradicciones internas y divisiones entre sectores de la burguesía, está condicionada por el papel de Chile en la división internacional del trabajo y la sumisión ante el imperialismo.

Vivimos en la época del capitalismo imperialista y su crisis económica, que marca una enorme polarización entre la revolución y la contrarrevolución. Decir esto no es una declaración «generalista», sino que es una forma de analizar que lo que marca hoy la situación mundial es un enfrentamiento entre una ofensiva del imperialismo por reconquistar terrenos y aumentar la explotación y opresión, por una parte; y la resistencia de las masas que se manifiestan en movilizaciones, enfrentamientos armados y revoluciones.

Es por esta comprensión que el sistema capitalista y por lo tanto, la clase obrera son mundiales, es que en el MIT creemos que la organización
revolucionaria debe responder mundialmente. Y por eso dedicamos grandes esfuerzos por impulsar una organización revolucionaria de este tipo.

El año pasado estuvo marcado por una derrota para los revolucionarios que nos hemos construido bajo el referente de la corriente morenista: La Liga Internacional de los Trabajadores (LIT-CI) dejó de existir como la conocíamos. Durante el congreso del 2025, la LIT explotó en muchos pedazos, esto por la política burocrática y conciliadora al reformismo que aplicó su dirección actual (con un peso importante de la dirección del PSTU de Brasil).

El MIT como sección chilena en ese momento de la LIT, hizo todos los esfuerzos que estuvieron a su alcance para combatir la política divisionista y derrotista de la dirección internacional. Este enfrentamiento contra la política de esa dirección, llevó a que de manera burocrática nuestra organización fuera expulsada junto a otras decenas de militantes de organizaciones en diferentes países.

Ante esta derrota, y como parte del combate contra la dispersión de las fuerzas de los revolucionarios, junto a los militantes expulsados de
Brasil (que dieron forma al Movimiento por un Partido Revolucionario MPR) y a Corriente Obrera de EEUU, convocamos a organizar un comité
internacional. Este esfuerzo es el que se ha concretado hoy en el Comité Internacional por la Reconstrucción de la LIT de Moreno (CIR), el cual hoy agrupa al MIT (Chile), MPR (Brasil), Corriente Obrera (EEUU), Insurgencia (Paraguay), Grupo Obrero Internacionalista (Argentina) y varios militantes de diferentes países.

En el IV Congreso del MIT, tuvimos la participación de compañeros por parte de la dirección del CIR y del MPR, los cuales ayudaron a dar una
perspectiva internacionalista a las discusiones y su presencia reafirma nuestro compromiso por reconstruir juntos una organización internacional.

El CIR no pretende hoy ser una Internacional acabada. Por el contrario, es un proceso de construcción, de debate y coordinación de las organizaciones que queremos llegar a tener una nueva internacional. Seguimos los pasos de la antigua LIT de Moreno que no se autoproclamó como la Cuarta Internacional reconstruida; sino una organización que estaba al servicio de reconstruirla. Así nosotros hoy no creemos que seamos una nueva internacional, sino un comité cuya tarea es agrupar a los revolucionarios que quieran reconstruir la LIT de Moreno, y de manera democrática, avanzar en las discusiones centrales que nos lleven a la fundación de una nueva organización.